Por el tono, la factura, es comedia; por el argumento, drama. Un drama de familia que nos resulta, además, familiar. Benavente y Buero Vallejo se pasean de la mano por el escenario. Realismo simbólico es su definición («simbologista», dice su director) y, como tal, aspira a ser moralizante: debemos luchar contra el autoengaño, la ficción y la mentira colectivas; ser joven significa vivir, enfrentarse a la puesta en escena también lo es, sencilla, eficaz.

 

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